sábado, 24 de marzo de 2012

LOS CINCO MOVIMIENTOS

"Cuerpo y alma no son dos partes distintas,
sino dos formas diferentes de entender lo mismo"
(Albert Einstein)


Los Cinco Movimientos, también llamados Cinco Elementos, Cinco Fases o, simplemente, Pentacoordinación, representan una estructuración del mundo natural, tanto a nivel del macrocosmos como del microcosmos. Son un modelo, pero también un holograma, donde cada parte contiene tanto la información que le es propia, como la información correspondiente a la totalidad, y son también una forma de comprender la naturaleza de la salud y la enfermedad. 


                             


Esto ¿qué quiere decir? Ni más ni menos que todos los fenómenos se ordenan de acuerdo a los cinco movimientos de Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua. Los movimientos son fases evolutivas de transformación, que se corresponden con las cinco estaciones (primavera, verano, estío, otoño, invierno), cinco climas (viento, calor, humedad, sequedad, frío), cinco pares de órganos (hígado - vesícula biliar, corazón - intestino delgado, bazo - estómago, pulmón - intestino grueso, riñón - vejiga), cinco emociones (ira, alegría, preocupación, tristeza, miedo) y cinco tipos o rasgos de personalidad bipolares (extraversión - introversión, apertura a la experiencia - convencionalismo, agradabilidad - antipatía, responsabilidad - desorganización, neuroticismo - estabilidad emocional). 


Al igual que los ciclos de germinación, crecimiento, maduración, recolección y decadencia, los cinco sistemas de órganos de la medicina china realizan funciones corporales paralelas a los ciclos de la naturaleza. Y tal y como acontece en el exterior, en nuestro interior hay un medio paralelo generado por cada sistema de órganos, de tal manera que la alteración de nuestro medio interno puede provocar que el Hígado genere Viento, el Corazón genere Calor, el Bazo genere Humedad, el Pulmón genere Sequedad y el Riñón genere Frío.

Frente al pensamiento lineal occidental, donde A es causa de B, B es causa de C y C es causa de D, el pensamiento oriental es un pensamiento circular, donde A entonces B, entonces C, entonces D, entonces A. Interesa menos la causa o la consecuencia de un fenómeno que cómo se relaciona ese fenómeno con los demás. La pentacoordinación explica estas relaciones a través de los ciclos de generación, crecimiento o Sheng, (donde el Agua nutre la Madera, que es combustible para el Fuego, que se convierte en cenizas-Tierra, que son de donde sale el Metal, que se condensa en Agua) y el ciclo de control, inhibición o Ke (las raíces-Madera rompen la Tierra, la Tierra absorbe el Agua, el Agua apaga el Fuego, el Fuego funde el Metal, el Metal corta la Madera), de tal modo que queda establecido un feedback continuo entre los distintos movimientos. El primero es Yang, tiende a la expansión, mientras que el segundo, por su acción inhibitoria, es Yin.

Las principales características de cada uno de los movimientos pueden reseñarse en la tabla contigua.

MADERA
FUEGO
TIERRA
METAL
AGUA
EXPANSIÓN
REALIZACIÓN
TRANSICIÓN
CONTRACCIÓN
CONSOLIDACIÓN
VIENTO
CALOR
HUMEDAD
SEQUEDAD
FRÍO
PRIMAVERA
VERANO
ESTÍO
OTOÑO
INVIERNO
ESTE
SUR
CENTRO
ESTE
NORTE
AMANECER
MEDIODIA
TARDE
ANOCHECER
MEDIANOCHE
NACIMIENTO
CRECIMIENTO
MADUREZ
DECLINAR
MUERTE/GERMINAR
VERDE
ROJO
AMARILLO
BLANCO
AZUL-NEGRO
ÁCIDO
AMARGO
DULCE
PICANTE
SALADO
H-VB
C-ID
BP-E
P-IG
R-V
LAGRIMAS
SUDOR
SALIVA
MOCO
SECRECIONES SEXUALES
MUSCULOS, TENDONES, UÑAS
CIRCULACIÓN,   TEZ
TEJIDO CONJUNTIVO Y SUBCUTANEO
PIEL, MUCOSAS,   VELLO
HUESOS, NERVIOS, GONADAS, PELO
VISTA
TACTO
GUSTO
OLFATO
OIDO



Así la Primavera es la estación del elemento Madera, cuando las plantas despiertan de su sueño invernal. Es crecimiento y expansión, pura fuerza centrífuga, creatividad, fantasía, imaginación y ensoñación. Es la vida que se extiende, el color verde de los brotes nuevos, el movimiento de los músculos y los tendones, la adolescencia, la búsqueda de contacto con los demás, el entusiasmo y la búsqueda de experiencias nuevas. Caprichosa y cambiante, como el viento en exceso nos vuelve impulsivos, entusiastas, precipitados, irritables o bien indecisos, tímidos e inhibidos en vacío. 

El Verano es la estación del elemento Fuego. Es calor y luz, el color rojo y la sangre. Es el amor, la alegría, el gozo de vivir, la claridad interior y la conciencia. La energía del Corazón rige la lengua y por tanto la comunicación, las emociones y la pasión. Como el sol de verano, el Fuego en exceso nos vuelve apasionados, hiperactivos, sentimos violentas emociones difíciles de controlar, mientras que en vacío nos hace sentimentales, hipersensibles, agitados y agotados cuando el fuego consume hasta las cenizas.


El Estío es la estación del centro, de la Tierra. La pausa tras el verano cuando la naturaleza "contiene la respiración" y permanece a la espera. Es el momento de la cosecha, los campos dorados de cereal maduro. Es el fiel de la balanza, el equilibrio y la templanza. La facultad para mantener los pies en la tierra y la capacidad para reparar, armonizar y unificar dependen de este elemento. Es la madre nutritiva, la capacidad de reflexionar y de "digerir", tanto el alimento como las ideas. En exceso nos volvemos en extremo reflexivos, preocupados, obsesivos en nuestros pensamientos y comportamientos. En vacío nos cuesta concentrarnos, nos volvemos distraídos, ensimismados, hedonistas o en exceso conciliadores porque nos lo "tragamos" todo.


El Otoño es la estación del Metal. La naturaleza se recoge sobre sí misma preparándose para el invierno, y del mismo modo la energía se vuelve hacia dentro. Es la introyección y la introversión, el momento de marcar los límites y conservar en nuestro interior lo que es beneficioso y expulsar fuera lo que sobra. Es la capacidad de cortar y de dejar ir aquello que no es necesario, incluyendo pensamientos, sentimientos y apegos. Es el color blanco, símbolo de la pureza, la rectitud, el método y el rigor. El Metal puede ser dúctil y flexible como una lámina de acero, o rígido como una barra de hierro. En exceso nos vuelve contenidos y controlados, lógicos, disciplinados y dominados por el sentido del deber y los juicios de valor. En vacío nos domina la tristeza, nos aísla de los demás y hace desaparecer la empatía envolviéndonos en un universo gris, apático, serio y convencional como los cielos plomizos del otoño.



El Invierno es la estación del movimiento Agua. Es el momento del frío y la oscuridad, cuando los arroyos se congelan y la naturaleza parece muerta. Es el miedo, el vacío y la angustia. Sin embargo se trata tan solo una muerte aparente, pues lleva en sí el gérmen del renacimiento. El Agua es la Voluntad de vivir, la capacidad para "recargar las baterías" con el descanso y la soledad. En exceso nos hace desconfiados, cínicos, recelosos y paranoicos de un mundo que consideramos hostil y peligroso. En vacío el miedo nos paraliza, nos congela y nos encierra, incapaces de poner en marcha la voluntad y superar la parálisis que nos aparta de la vida. 




domingo, 5 de febrero de 2012

EL SHEN


“El mayor error en el tratamiento de las enfermedades
es que hay médicos para el cuerpo y médicos para el alma,
aunque ambos no pueden separarse”
(Platón)

Si hay algo básico y a la vez distintivo de la Medicina China es su planteamiento holístico. Cuerpo y mente son dos aspectos de una misma cosa, forman un Tao indivisible. La mente no tiene sentido sin el cuerpo, y el cuerpo no puede comprenderse en ausencia de la mente. En realidad, cuerpo y mente no son sino dos estados diferentes de Qi: la mente un estado más sutil y el cuerpo un estado más condensado de energía. En definitiva, las dos caras de la misma moneda.

De hecho la misma palabra china, shen (diferentes caracteres pero fonéticamente iguales), puede traducirse como mente y como cuerpo, es decir, como una entidad psicosomática. De esta forma la MTC sustituye el dualismo occidental mente/cuerpo por el polarismo del yang/yin, dos opuestos que son manifestaciones del mismo proceso, se explican solo en referencia al otro, y dependen uno del otro para existir.

El Shen, la energía psíquica, tiene que ver tanto con la cognición, el conocimiento y la conciencia, como con las emociones, sentimientos, la captación emocional del mundo y con los cambios fisiológicos que los acompañan. Hasta aquí el planteamiento se parece bastante al de nuestra psicología occidental. Pero la MTC va más allá. 

La MTC es profundamente organicista respecto al psiquismo. Si hay una alteración del Yin, del Yang, del Qi del órgano, del Xue o del Shen los terrenos biológicos se verán afectados. La alteración del órgano modifica la personalidad y el medio altera el órgano. Esta es la base la psicosomática en MTC. Un Shen equilibrado estimula el órgano y por tanto contribuye a la formación de un buen Qi y a la correcta nutrición del terreno tisular específico. Un defecto de Shen implica déficit de Qi y vacío en el órgano. Un exceso de Shen bloquea el Qi del órgano y acelera su raíz yang. Qi y Shen forman un Tao, si se gasta en exceso uno, el otro se queda vacío (la alteración del Pulmón produce melancolía, la tristeza provoca trastornos en el Pulmón).

Tomando como ejemplo el movimiento madera: el Hígado fabrica Viento (Feng Qi o Gan Qi, Qi de Hígado) que alcanza el ojo (diana tisular) y produce un Yinye (lágrimas, humor acuoso, humor vítreo). Así mismo el Gan Qi se distribuye al Bazo (pentacoordinación), alimenta el Corazón y permite la adaptación física al medio (movimiento muscular). El Qi hepático al interaccionar con las estructuras neuroendocrinas del Riñón Yang genera Shen Hun, la respuesta psíquica y emocional al medio. Un exceso de agresión externa (por ejemplo un entorno muy competitivo) exige una mayor respuesta Yang, que si no está equilibrada por el Yin, producirá un Shen Hun con exceso de Yang, que podemos también denominar estrés, entendido como un esfuerzo hiper-adaptativo extremo.

“La visión occidental de la integración mente-cuerpo es básicamente como una pirámide vertical de la mente al cuerpo. Es decir, los estímulos emocionales inducen cambios en el sistema nervioso autónomo que afectarán a las vísceras. Por contraste, en la medicina china existe una interacción de dos vías entre el cerebro (o la Mente del Corazón) y las vísceras; los estímulos emocionales que afectan a la Mente pueden causar una desarmonía de las vísceras y, viceversa, una desarmonía de las vísceras puede causar un desequilibrio emocional” (Maciocia)

Habitualmente se considera que el Sistema Nervioso se encuentra en la cúspide de la pirámide biológica, el Sistema Endocrino es un mediador, y en la base recibiendo los cambios, se encuentra el Sistema Vascular. Por el contrario en bioenergética el Qi se sitúa por encima de los sistemas anteriores, el Sistema Neuroendocrino actúa de mediador de las señales del Qi, y el Sistema Vascular (Xue) recibe los cambios. Los trastornos idiopáticos, inexplicables por la medicina ortodoxa, son realmente alteraciones energéticas, trastornos del Qi, que evolucionan posteriormente a alteraciones del sistema nervioso, del sistema endocrino y finalmente alteraciones orgánicas constatables por metodología diagnóstica “objetiva” (Rx, TAC, resonancia).


Toda alteración, toda pérdida de homeostasis, tiene por tanto un origen energético y debe ser tratada a este nivel con técnicas energéticas (acupuntura, homeopatía, etc.), el siguiente paso de deterioro, ya con alteraciones bioquímicas, requiere una intervención a través de fitoterapia y farmacología, el trastorno funcional necesitará fisioterapia y, por último, la enfermedad orgánica necesitará inexcusablemente cirugía.


sábado, 7 de enero de 2012

PSICOLOGÍA Y MEDICINA CHINA

Si la única herramienta que posees es un martillo,
siempre andarás buscando clavos
(Abraham Maslow)


El modelo occidental de comprender la dialéctica entre la salud y la enfermedad parte de una serie de premisas básicas. La primera que podemos reseñar es el Mecanicismo. Desde Descartes el organismo se comprende como una máquina, un ente mecánico que es factible reducir a sus componentes mínimos. A partir de este momento comienza la diferenciación radical entre la Mente y el Cuerpo, lo intangible y lo material-observable-cuantificable. El acento se pone sobre esto último, hasta el punto de desechar el mundo emocional, un mero epifenómeno que queda relegado de la investigación científica, a favor de todo lo que puede tocarse. Frente a esta visión del mundo interior como producto secundario de la bioquímica, se opusieron durante un tiempo las teorías psicoanalíticas que, no obstante, ejercieron su propio reduccionismo a la inversa. Prácticamente todo podía explicarse en base a procesos subconscientes, y los trastornos fisiológicos son el producto de conflictos subyacentes reprimidos.

No obstante, la Psicología contemporánea adolece de un cierto anhelo desesperado de demostrar que es “más científica que nadie” desde los tiempos que siguieron al Psicoanálisis. Así la corriente Conductista se centra exclusivamente en las “conductas observables”, y la Psicología (Psique + Logos) por un tiempo corre el riesgo de convertirse en Etología, al abandonar el estudio de lo que le es propio, la psique. Esta situación se subsana posteriormente, en cierta medida, a través de la corriente Cognitivo-Conductual, que comienza por revisar los procesos mentales “fríos” (inteligencia, memoria, atención…), dominados por la “metáfora del ordenador” (el hombre sigue siendo una máquina, aunque una máquina lista), y las corrientes que se desvían del paradigma dominante (Analistas, Humanistas, Psicosomática) desaparecen de los planes de estudio de las universidades públicas y quedan en manos de formadores privados. Sólo recientemente el mundo emocional vuelve a reintroducirse tímida y paulatinamente en los planes académicos. Porque, al fin y a la postre, ¿qué queda de la Psicología si al ser humano lo despojamos de sus emociones?.

Una segunda premisa parte de una visión anatómica de la máquina humana. Dado que la salud es, en cierta medida, una cuestión de “mecánica”, es prioritario estudiar hasta la última “tuerca” del artefacto. La máquina es muy compleja, pero puede comprenderse como un conjunto de “aparatos” hasta cierto punto independientes los unos de los otros. Esto lleva a la especialización y fragmentación extremas que padece la medicina alopática actual. El ser humano es un mecano, así que yo me ocupo de “mi” parte de la máquina y tú de “la tuya”, interactuando lo mínimo posible y con una cierta territorialidad sobre el campo de cada uno que, observada desde fuera, en ocasiones resulta cómica y muchas veces trágica. Afortunadamente frente a este extremismo se alzan voces, cada vez más numerosas, que reclaman equipos terapéuticos multidisciplinares, y que comienzan a exigir un intercambio más fluido entre las distintas especialidades.

En tercer lugar podemos señalar la visión de la enfermedad como producto de un agente exógeno. Desde que Pasteur ganara la discusión a Bechamp, los virus y las bacterias se adueñan de la imaginación de médicos e investigadores. El organismo, cualquier organismo, está indefenso ante la agresión de los patógenos, y recuperar la salud es sinónimo de expulsar al agente invasor. La Salud sale del foco de atención y se sustituye por una Guerra en la que es más importante el virus que el organismo en el que se aloja.

Frente a estos postulados, la Medicina Tradicional China presenta un planteamiento integrativo y holístico. El fundamento de la vida es el Qi, la energía, aquello no observable. El ser humano es más que la suma de sus partes. No existen enfermedades sino enfermos, cada uno con su propio terreno e idiosincrasia. Para la MTC no es posible la fragmentación, Mente y Cuerpo son un Tao inseparable. La salud depende del equilibrio entre el Yin y el Yang, de las relaciones armónicas entre los Cinco Movimientos y de la concepción del ser humano como parte integrante de la Naturaleza. Sin embargo, su visión psicológica del ser humano es una visión pobre y poco desarrollada en comparación con la compleja perspectiva de la psicología occidental.

Esta situación puede comprenderse en base a una diferencia cultural fundamental. Para la filosofía China no existe un concepto de Yo-introspectivo tal como lo conocemos en Occidente. En Oriente el ser humano es un ente grupal, cuya integridad psíquica depende del ajuste a la comunidad, y por tanto existe un escaso interés en la Individualidad y el Yo tal como nosotros los comprendemos y que han impulsado nuestro desarrollo psicológico. El Yo chino no es un yo individual, sino un yo determinado socialmente, fruto de la interacción familiar y social, y su tratamiento se dirige al ajuste social porque el sufrimiento individual se supone consecuencia de éste.

El modelo bio-psico-social defiende que la salud y la enfermedad son el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales, y que, por tanto, es necesario tener en cuenta estos tres factores a la hora de considerar los determinantes de una enfermedad y su tratamiento. Basado en la Teoría de Sistemas, parte del axioma de que un cambio o perturbación en un nivel del sistema afecta jerárquicamente no sólo a ese nivel, sino también a los niveles que se encuentran por encima y por debajo. La consecuencia es que no es posible considerar que un cambio en el nivel bioquímico no afecte al fisiológico, al emocional, al social y a la persona como ente holístico. 


Este paradigma considera que las emociones no son sólo un factor capaz de precipitar o causar una enfermedad, sino que su influencia se extiende al desarrollo, agravamiento y cronificación de la misma. Por otra parte, la enfermedad se produce como resultado de la unión de varios factores que interactúan entre sí, incluyendo el estilo de vida. El paciente-pasivo se sustituye por un paciente-activo, con responsabilidad en su estado de salud o enfermedad. Como podemos observar, estos postulados no son ajenos a la MTC y a la  Medicina Alternativa, sino perfectamente compatibles.

Me gustaría contemplar esta bipolarización entre Occidente y Oriente como un Tao en sí mismo, un Occidente yangnificado y un Oriente yinnificado que pueden convivir de forma constructiva, aportando cada uno lo mejor de sí mismo al otro. No se trata de sustituir paradigmas, o de discutir qué modelo es superior. Ambos tienen mucho que aportar y mucho que aprender, como el Tao son visiones complementarias de la realidad, cuya fusión solo puede redundar en el beneficio de las personas que sufren.